Un tope de suelo frena la puerta antes de que el pomo golpee la pared o el mueble de al lado. Se pega en el pavimento, delante de la puerta, y a partir de ahí te olvidas del asunto.
Los nuestros son de madera de haya maciza, no de goma negra ni de plástico: sobre parquet, tarima o laminado parecen parte del suelo en vez de un accesorio pegado a última hora. Y se colocan sin taladrar, con una base adhesiva de alta fijación que se activa con calor — así que valen igual si el suelo es tuyo que si vives de alquiler.
Vienen en pack de 8 unidades, que es una por cada puerta de una vivienda normal y te deja alguna de repuesto. Agarran en parquet, tarima flotante, baldosa, gres, mármol, laminado y vinilo, siempre que la superficie esté limpia, seca y lisa.
En la caja van también las toallitas para limpiar el suelo antes de pegar y las instrucciones de montaje. Son treinta segundos de preparación, pero son los que deciden si el tope aguanta años o se despega en dos semanas.
Si lo que buscas es lo contrario —que la puerta se cierre sola en vez de frenarla— echa un vistazo a los cierrapuertas.